Un programa arquitectónico reúne lo que un edificio tiene que cumplir antes de diseñarse: quién lo va a usar y para qué, qué espacios necesita y de qué tamaño, cómo se relacionan entre sí, y qué imponen el terreno, la norma y la economía. Una tesis de maestría de la Facultad de Arquitectura de la UNAM (Liliana Murillo Castro, 2005) parte de la definición del arquitecto José Villagrán García. La tesis lo resume como «el conjunto de condicionantes que debe satisfacer toda obra arquitectónica que se vaya a diseñar».
El programa arquitectónico va más allá de la lista de locales
La tesis de la UNAM recoge una advertencia de Villagrán: la obra arquitectónica cumple con muchos más requerimientos que los que caben en «la simple enumeración de los locales requeridos». El ejemplo que da la tesis es la casa habitación tradicional mexicana. La sala y el comedor eran dos espacios cercanos pero divididos por muros o arcos, y un muro separaba la cocina del comedor.
Según la tesis, con el cambio de las costumbres esas relaciones cambiaron, y la solución pasó a ser un solo espacio para la sala y el comedor, en algunos casos con una cocineta en ese mismo espacio. La tesis concluye que el listado de locales y unas relaciones lógicas no bastan para crear una obra arquitectónica, porque las condiciones que la rigen son múltiples.
En Estados Unidos, el Instituto Nacional de Ciencias de la Construcción (National Institute of Building Sciences, NIBS) describe la programación arquitectónica como el proceso de investigación y de toma de decisiones que identifica el alcance del trabajo que se va a diseñar. Un artículo de Daniel de Carvalho Moreira y Doris Kowaltowski (Universidad Estatal de Campinas, Brasil, 2009) cita a Kumlin (1995) sobre el origen del programa como disciplina aparte. Según ese artículo, el origen está en 1966, cuando el Instituto Estadounidense de Arquitectos (American Institute of Architects, AIA) publicó el manual «Emerging Techniques of Architectural Practice».
Destino, ubicación y economía ordenan lo que contiene un programa
José Villagrán García agrupa las condicionantes de un programa arquitectónico en 3 incisos: el destino, la ubicación y la economía. La tesis de la UNAM los explica así: el destino es el tipo de edificio que responde a la necesidad del usuario, la ubicación es el espacio y el tiempo en que el edificio se crea, y la economía son los materiales, los sistemas constructivos y sus aspectos financieros. Para cada inciso la tesis propone preguntas: qué, para qué, para quién y por qué en el destino, en dónde, en qué época y cuándo en la ubicación, y con qué materiales y sistemas constructivos y con qué se financiará en la economía.
El orden de los incisos también cuenta, porque según Villagrán no tiene sentido investigar la ubicación ni la economía si todavía no se sabe qué tipo de edificio se va a construir y para qué tipo de usuario.
Llevados al proyecto concreto, esos incisos se convierten en un listado, y el que propone la tesis de la UNAM para el programa particular incluye, entre otros, estos puntos:
- Usuarios: número y tipo, y las actividades de cada uno.
- Locales: mobiliario, antropometría, ergonomía, circulaciones, estudio de áreas y volumen requerido.
- Zonas: el agrupamiento de los locales en zona básica, complementaria, administrativa y de servicio.
- Funcionamiento: forma de vida, patrones de conducta, diagramas de flujo y relaciones funcionales, visuales, acústicas y por instalaciones.
- Terreno: poligonal, colindancias, orientación, vistas desde y hacia el terreno, árboles, topografía, resistencia del suelo y nivel de aguas freáticas.
- Medio urbano: altura de los edificios colindantes, restricciones y afectaciones, uso del suelo, intensidad de construcción y porcentaje de área libre.
Creo que en una casa ninguno de esos renglones sobra, porque cada uno termina en una decisión del proyecto, aunque sea la decisión de no hacer nada con él.
Las áreas mínimas las fija el reglamento de cada ciudad
Un programa arquitectónico tiene que respetar la norma de la ciudad donde está el terreno. En la Ciudad de México, la Norma Técnica Complementaria para el Proyecto Arquitectónico (publicada en la Gaceta Oficial el 12 de diciembre de 2024) fija las áreas mínimas en su tabla 2.2.1.1.
La recámara principal debe tener al menos 7.00 m², con un lado mínimo de 2.40 m y una altura mínima de 2.30 m, y las recámaras adicionales al menos 6.00 m², con un lado mínimo de 2.20 m. La misma tabla fija, por ejemplo, 6.75 m² con un lado mínimo de 2.50 m para la sala o estancia, 4.80 m² y 2.40 m para el comedor, 3.75 m² y 1.55 m para la cocina, y 2.90 m² y 1.20 m para el baño completo. También pide, en el numeral 2.1.1, revisar su cumplimiento con al menos una propuesta de distribución del mobiliario y de las áreas de aproximación, uso y circulación de cada local.
Esos números valen para la Ciudad de México, y en otro municipio el programa se revisa contra el reglamento que aplique ahí, con cifras que pueden ser distintas. Un mínimo, además, dice cuánto es lo menos que se permite y no dice cuánto necesita quien va a habitar el espacio.
El programa arquitectónico se elabora paso a paso y termina con el alcance firmado
El Instituto Nacional de Ciencias de la Construcción de Estados Unidos (NIBS) ordena la programación arquitectónica en 6 pasos, y en el encargo de una casa cada uno significa lo siguiente:
- Investigar el tipo de proyecto. Creo que se parece a lo que Villagrán llama programa genérico, el cual estudia edificios semejantes y las normas que rigen a todos los edificios del mismo género.
- Establecer metas y objetivos. El NIBS los separa en metas de organización, de forma e imagen, de función, económicas, de tiempo y de gestión.
- Reunir la información relevante: el usuario, sus actividades y el terreno, con el listado de la tesis de la UNAM como guía.
- Identificar estrategias. Aquí entran los diagramas de relaciones, que el NIBS describe como los que indican qué funciones deben estar cerca unas de otras para que el proyecto funcione bien.
- Determinar los requisitos cuantitativos. Se listan las áreas netas de cada local, se suma un porcentaje para circulaciones, muros e instalaciones, y el total se compara con el presupuesto disponible.
- Resumir el programa. El NIBS pide que quienes deciden firmen el alcance tal como lo describe el programa, y que después esa información se integre al proceso de diseño.
El quinto paso es el que conecta el programa con el presupuesto. El NIBS lo dice así: el costo, el calendario y el área que se puede pagar dependen unos de otros. Si quieres ver cómo se estima el presupuesto de las fases de diseño, está en presupuesto estimado para la fase de diseño arquitectónico.
El NIBS agrega que la programación es el momento en que un cambio sale más barato. También señala que esa fase es la mejor para que los interesados influyan en el resultado del proyecto.
Qué separa el programa de necesidades del programa arquitectónico
Creo que en el encargo de una casa la distinción útil es esta: el programa de necesidades es lo que pide quien va a habitar la casa, y el programa arquitectónico es ese pedido una vez cruzado con el terreno, la norma de la ciudad y el presupuesto.
La norma brasileña NBR 13531, de 1995 y hoy cancelada, aparece citada por Moreira y Kowaltowski. Esa norma definía el programa de necesidades como la etapa destinada a determinar las exigencias de carácter o de desempeño que debía satisfacer la edificación, es decir, las necesidades y expectativas de los usuarios. El mismo artículo explica que esa norma ponía el levantamiento, el programa de necesidades y el estudio de viabilidad como las primeras etapas del proyecto, inmediatamente antes del estudio preliminar.
El método «Problem Seeking» (buscar el problema), de Peña y Parshall (cuarta edición, 2001), aparece en el artículo de Moreira y Kowaltowski como un método que ordena la información que un programa de necesidades debe abarcar. Sus 5 pasos mezclan datos cualitativos (metas, conceptos y problemas) con datos cuantitativos (hechos y necesidades), de tal forma que las necesidades son una de 5 partes.
Comparada con la definición de programa de necesidades de la NBR 13531, la definición de programa arquitectónico de José Villagrán García suma la ubicación y la economía al destino, que la tesis describe como la respuesta a la necesidad del usuario.
En el encargo de una casa, el sitio y el reglamento también entran al programa
La memoria publicada por Método del Experimento Habitacional A, una casa de 227.3 m² en Valle de Bravo, de 2015, muestra cómo el sitio y la norma entran al programa. La forma de «A» es característica de las casas de la zona y la impone un reglamento local. La memoria explica también que fue importante lograr que la estructura formara parte de todos los espacios y del programa.
En el Experimento Habitacional A, la vista principal del lago está hacia el norte y el clima es frío subhúmedo, por lo tanto, la orientación solar se buscó en otras direcciones. Para eso se abrieron balcones laterales que reciben la radiación solar en las mañanas y en las tardes, aprovechando también los ángulos más agudos de la forma de «A».
Creo que esas decisiones muestran lo que la tesis de la UNAM agrupa en la ubicación: el lago, el clima y el reglamento local. La casa está publicada, con las demás casas del despacho, en la obra de casas.
Método diseña cada espacio para las personas que lo habitan
Uno de los valores de Método, el humanismo, cabe en una sola línea: «Diseñamos cada espacio para las personas que lo habitan», y en un programa arquitectónico eso empieza por saber quién va a habitar la casa y para qué.
Si tienes un terreno y una lista de lo que quieres, agenda una conversación.