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Cómo el paisaje influye en la arquitectura de Barragán y Ando

Luis Barragán y Tadao Ando construyen desde el paisaje: muro, luz, agua y horizonte. Una guía sobre cómo el entorno define la forma.

MÉTODO Arquitectos · 9 de junio de 2026 · 5 min de lectura

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Cómo el paisaje influye en la arquitectura de Barragán y Ando

Cómo el paisaje influye en la arquitectura de Barragán y Ando

Luis Barragán y Tadao Ando trabajan en geografías opuestas, pero comparten una convicción: el edificio no se impone al paisaje, lo organiza. En ambos, el entorno no es un fondo decorativo sino el material de partida. Esta guía explica cómo cada uno traduce el lugar en arquitectura.

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El muro como instrumento del paisaje

En Barragán el muro no encierra, edita. Un plano de color recorta el cielo, oculta el contexto urbano y deja entrar solo lo que merece verse: una copa de árbol, una franja de luz, un reflejo de agua. El muro de la Casa Gilardi o de las Caballerizas San Cristóbal funciona como un lente que selecciona el paisaje en lugar de exhibirlo entero.

Ando usa el concreto con la misma intención, pero desde el silencio. Sus muros lisos absorben el ruido visual del entorno y devuelven una superficie neutra donde la luz se vuelve protagonista. En la Iglesia de la Luz o en la Casa Koshino, el paisaje entra recortado por aberturas precisas, nunca por ventanas convencionales.

La luz como segundo paisaje

Para ambos arquitectos la luz es topografía. Barragán la tiñe: filtra el sol por celosías y muros de color para que la luz misma adquiera temperatura, hora y emoción. La luz rosa o ámbar de sus interiores es un paisaje fabricado.

Ando trabaja la luz como corte. Una rendija en el concreto, una claraboya lineal, un patio que captura el cielo: la luz natural mide el paso del día dentro del edificio. El paisaje exterior se vuelve interior a través de ese haz controlado.

El agua y el horizonte

El agua aparece en ambos como espejo y como umbral. En Barragán las fuentes y canales prolongan la arquitectura hacia el jardín y duplican el cielo. En Ando los estanques separan al visitante del santuario, obligan a rodear, a detenerse, a entrar despacio. El agua no decora: regula el ritmo del recorrido.

El horizonte cierra la operación. Barragán enmarca la lejanía con plataformas y terrazas; Ando la fragmenta con muros que aparecen y desaparecen. En los dos casos el paisaje llega medido, nunca en bruto.

Qué se aprende de este enfoque

Construir desde el paisaje implica decidir qué se muestra y qué se oculta. Es un trabajo de edición antes que de adición. En el oficio contemporáneo, el que practica un estudio como MÉTODO Arquitectos al situar una casa en su terreno, esa lección sigue vigente: el entorno define la planta, la altura de los muros y la posición de cada vano.

Barragán y Ando enseñan que el paisaje no se conquista. Se enmarca, se filtra y se devuelve transformado en experiencia. La arquitectura, entonces, es el instrumento que hace visible un lugar que ya estaba ahí.

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