Un proyecto residencial de autor tarda más de lo que la mayoría de clientes anticipan. Ese tiempo no es burocracia ni inefficiencia: es el proceso. Entre la primera conversación y la entrega de llaves, un proyecto bien ejecutado atraviesa cuatro fases distintas, cada una con su propia lógica y duración.
Las cuatro fases y su duración real
Fase 1: Conversación y análisis del sitio (cuatro a ocho semanas)
Antes de diseñar, el estudio necesita conocer el terreno, el programa y las expectativas del cliente. En MÉTODO esta fase incluye visita al sitio, análisis de orientación y asoleamiento, revisión de normativa local y una primera matriz de opciones con las alternativas de partido arquitectónico. No hay planos al final de esta fase: hay claridad sobre qué se va a diseñar.
Fase 2: Anteproyecto (seis a diez semanas)
La primera propuesta espacial documentada. Plantas, secciones y alzados esquemáticos que definen cómo se organiza la casa en el terreno, cómo fluyen los espacios, qué materiales se usarán. Esta fase termina con la aprobación del cliente y la decisión de continuar al ejecutivo.
Fase 3: Proyecto ejecutivo (tres a seis meses)
La documentación técnica completa: planos de detalle constructivo, especificaciones de materiales, coordinación de estructuras, instalaciones hidrosanitarias, eléctricas y especiales. Es la fase más larga del trabajo de diseño y la que determina cuántos problemas habrá en obra.
Fase 4: Tramitación de permisos (dos a seis meses, en paralelo)
Dependiendo del municipio, la tramitación puede iniciar con el anteproyecto aprobado o requiere el ejecutivo completo. En CDMX, los permisos de construcción para casa habitación pueden tomar entre dos y cuatro meses con documentación completa. En municipios costeros, la complejidad aumenta con los trámites de zona federal.
Fase 5: Obra (doce a dieciocho meses)
La construcción de una casa mediana con materialidad honesta —concreto aparente, piedra, madera estructural— tarda más que una con acabados convencionales. Los tiempos de fraguado del concreto, el tratamiento de maderas y el arribo de materiales de cantera no se comprimen sin comprometer la calidad.
Por qué el tiempo de diseño no debe comprimirse
Hay una presión frecuente por acelerar el proyecto ejecutivo para llegar antes a obra. Es el error más costoso que comete un cliente en este proceso.
Un proyecto ejecutivo incompleto llega a obra con ambigüedades. Esas ambigüedades las resuelve el maestro de obras, no el arquitecto. El resultado es un edificio que se desvía de la intención de diseño en exactamente los puntos donde menos se nota durante la construcción y más se nota al vivir la casa.
La sección como relato: el corte vertical de una casa revela cómo se va a sentir el espacio, cómo va a entrar la luz, cómo van a relacionarse los niveles. Ese relato se elabora en el proyecto ejecutivo. Si no está, no existe en la obra.
Qué puede retrasar el calendario
- Cambios de programa durante el anteproyecto (ampliar, reducir o replantear usos)
- Permisos con observaciones del municipio
- Falta de liberación presupuestal por parte del cliente en puntos de decisión
- Cambios de materiales durante la obra cuando el proveedor original no cumple
- Sitios con condicionantes de suelo que requieren estudios adicionales
En MÉTODO manejamos cuatro proyectos al año. Eso significa que al inicio del encargo definimos un calendario con fechas concretas de entrega de cada fase y de los momentos de decisión del cliente. Sin esas fechas acordadas, el proyecto flota.
Próximos pasos
Si estás en la fase de exploración y quieres entender cuánto tiempo requiere realmente un proyecto como el tuyo, la conversación inicial es el primer paso. Sin compromiso y sin costo.
Conoce el método de MÉTODO y cómo estructuramos cada fase del proceso residencial.