Visitar arquitectura no es coleccionar imágenes sino prestar el cuerpo a un espacio ajeno: medir con los pies, con la piel y con el oído lo que ninguna fotografía transmite.
Viajar es el laboratorio del arquitecto: confiar en lo que el cuerpo aprende al recorrer otras arquitecturas ensena mas que mil imagenes y reordena la propia mirada.
Visitar arquitectura no es coleccionar imágenes sino prestar el cuerpo a un espacio ajeno: medir con los pies, con la piel y con el oído lo que ninguna fotografía transmite.
Las imágenes nos llevan hasta la puerta de un edificio, pero solo el cuerpo que viaja, recorre y se queda aprende lo que la arquitectura realmente es.
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